
Cuando llego a la ciudad de Nápoles en taxi desde el aeropuerto de Capodichino, de repente me invade una sensación de caos y de desorden. Ocurre al ver todas esas motos que se van cruzando por un lado y por otro, que parece que todo el rato el conductor se las vaya a llevar por delante o que en cualquier momento nos vaya a salir una de cualquier sitio y vayamos a tener un accidente. Pero no, el conductor napolitano ya está acostumbrado a este inmenso caos de tráfico y de personas, y con su habitual destreza consigue dejarme en mi destino tras un paseo, lo mínimo, movidito.
Nápoles es una ciudad de costa, toda ella está abocada hacia el mar. Los distintos niveles de la ciudad hacen que siempre tengas a la vista el azul del mediterráneo y la portentosa presencia del Vesubio, cobijando la ciudad. Su situación geográfica es perfecta, por ello tantos reyes establecieron en esta ciudad sus residencias en el pasado (está llena de castillos medievales y renacentistas). Las temperaturas son suaves, suele hacer sol y el mar está siempre allí. Pero no se puede decir que Nápoles sea la típica ciudad turística a la que iría una pareja a pasar un fin de semana, esto no es Florencia ni Venecia, estamos en el sur de Italia y eso se respira en el ambiente. El viajero que va a Nápoles debe ir preparado, mentalizado de que va a una gran ciudad, con muchísima gente, para ver lo más auténtico de la vida urbana en Italia. En el centro histórico de la ciudad, la parte más vieja, las calles son un cúmulo de casas con muchas ventanas, con las fachadas poco arregladas e incluso con una sensación de descuidado. Los niños y los ancianos deambulan por las calles gritándose en un ruidoso dialecto napoletano y las míticas mammas llaman a sus retoños a cenar un gran plato de pasta tras haber colgado toda la ropa a secar en el balcón que da a la calle.
Recorriendo las calles más turísticas ves muchos edificios antiguos, muchas casas de época barroca... Nápoles se aparece como una ciudad vieja, que ha visto mucha historia, que ha vivido muchas épocas. Los napolitanos van de arriba abajo, con sus ropas a la última moda y por la calle no paras de ver grupos de chicos y chicas jóvenes vestidos con las típicas chaquetas italianas de cuero con un plumero en el cuello y las gafas de sol de avispa en la cara. El barrio de Posillipo es un barrio residencial donde hay grandes casas antiguas que tienen la vista sobre el golfo de Nápoles, y donde además hay unos parques preciosos. Concretamente me quedo con uno en esa zona que se llama Parco Virgiliano, donde la mezcla entre el verde del parque y el azul del cielo con el sol que hacía ese día en plena primavera lo convierten en uno de los rincones más encantadores de la ciudad.
Si vas a Nápoles es un pecado irse de la ciudad sin haber probado una auténtica pizza napolitana. Se dice que fue en esta ciudad donde esta famosa comida nació, y la verdad es que una vez has probado una pizza en Nápoles, todas las demás pizzas del mundo, incluso en la propia Italia, te parecen insignificantes. Los dulces típicos napolitanos también son espectaculares, sobre todo el babà con Nutella, un especie de bizcocho con un toque de ron al que si le añades el chocolate Nutella es toda una delicia para los sentidos. Por el centro de la ciudad hay muchas pastelerías que ponen en sus escaparates toda una colección de estos dulces a los que es muy difícil resistirse.
Tampoco puede faltar un paseo al atardecer por via Partenope, una amplia calle que bordea el mar y que por la tarde se llena de parejas napolitanas que acuden al espectáculo de ver el sol ponerse en el horizonte del mar mientras el cielo se tiñe de tonos anaranjados y rosados. Eso sí, cada dos metros del recorrido en esta calle encuentras el chico con su chupa de cuero que coge fuertemente a su ragazza, embadurnada con maquillaje.
Y si alguno se esperaba que hablase de la mafia... lo cierto es que es un hecho en esta ciudad. La Camorra en Nápoles es una triste realidad social, pero eso una turista como yo no lo percibe, y por eso, aún sin cerrar los ojos ante tal evidencia, no voy a entrar en el asunto aquí. La impresión que me dejó esta ciudad es que es un lugar distinto, caótico, una ciudad muy del sur. No es la típica ciudad italiana, pero a la vez es la ciudad donde me ha parecido que los tópicos de este país se concentran de manera más potente y donde el griterío, la pizza, el calcio y la mamma están más presentes que nunca: definitivamente estaba en Italia.
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