
Todos conocemos a Odiseo o Ulises, todos hemos oído hablar de Ítaca y Penélope (no la del Oscar, sino la de Homero). El viaje de Ulises duró veinte años, y los que hayan leído La Odisea sabrán que no fue un viaje precisamente sencillo y sin contratiempos. Al héroe griego le surgieron varios imprevistos en su camino a casa y conoció muchos personajes fascinantes, algunos de ellos inmortales, otros ya muertos y otros de un solo ojo. Visitó los infiernos e incluso el paraíso carnal; y en algún momento estuvo a punto de desistir en su viaje y abandonar su regreso a su amada patria. Pero Ulises finalmente regresó a Ítaca.
A todos nos gustaría que nuestro viaje por la vida fuese tan apasionante y con tanta aventura como el viaje que hizo Ulises desde Troya hasta Ítaca. Conocer todas esas cosas que él supuestamente pudo ver y sentir. Os aseguro que con todos los peligros que pasó Ulises, muchos cambiarían cualquier vida tediosa y monótona del mundo moderno por una vida heroica como la que tuvo el rey de Ítaca en la misteriosa y mitológica Grecia creada por Homero. Pero está claro que ese mundo no existe, y que la vida no es tan heroica ni tan mágica como nos la pintan la literatura homérica y los mitos.
No pretendo dar una lección sobre filosofía ni tampoco que el lector acabe con la visión un tanto pesimista de lo que es para mí la realidad de la existencia humana. Pero sí voy a mencionar el poema Ítaca, donde Konstantínos Kaváfis realiza una analogía entre el famoso viaje de Ulises a su patria y el viaje que todos emprendemos al nacer. Cada cual puede hacer su propia interpretación de lo que significa para sí mismo Ítaca según su propia experiencia personal. Para mí en este poema Ítaca representa el puerto al que todos iremos a parar, es decir, el destino humano por excelencia: la muerte. El viaje de Ulises es, por lo tanto, el camino de la vida que nos conduce al final.
Kaváfis habla del largo recorrido por hacer, de las aventuras y las vivencias por venir en nuestro viaje que compara en forma de metáfora con las vicisitudes que tuvo que afrontar Ulises durante su odisea para llegar a su anhelado hogar. Lo cierto es que la palabra odisea se usa hoy en día comúnmente para hacer referencia a un largo y difícil cometido o a un viaje con muchas dificultades, lo que para Kaváfis no es otra cosa que la vida misma.
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte
Efectivamente, Ítaca es el paradero final, y como dice Kaváfis “no tiene otra cosa que ofrecerte”. Es a la vez la meta y el punto de partida. Es el volver al inicio de todas las cosas después de haber pasado todas las dificultades que nos presenta la vida. La idea positiva que desprende todo el poema de intentar aprovechar al máximo el viaje de la vida, el intentar verla como una aventura, transmite un cierto optimismo. Albergo alguna esperanza de que la vida pueda tener una cierta aventura o alguna cosa más que un simple cúmulo de experiencias de placeres efímeros, aunque sé que nunca comparados con las de Ulises claro.
Pero nuestra odisea particular dista mucho de ser tan apasionante como la del héroe griego, aunque seguramente nos traiga más de una sorpresa y más de una dificultad que afrontar. El viaje de la vida de la mayoría de personas actualmente se me aparece como un rio que nos lleva, nos arrastra hacia Ítaca rodeados de las banalidades de la vida cotidiana sin la posibilidad de enfrentarnos a Cíclopes, ser tentados por sirenas, codearnos con los dioses olímpicos o visitar el Inframundo.
Quizás si tuviésemos la opción de elegir una vida como la de Ulises, nuestro viaje a Ítaca realmente sería como el que describe Kaváfis y realmente tendríamos la esperanza de que fuese un cúmulo de experiencias y verdaderas emociones. Pero parece ser que la sociedad de hoy en día nos ha encerrado en la monotonía que todos perseguimos sin remedio: encontrar un trabajo, encerrarnos en un despacho, crear una familia y esperar a que lleguen las facturas, la hipoteca, las discusiones y hoy en día encima, (y siento que sea una palabra tan recurrida) la crisis. Y nos inmiscuimos en todo esto porque creemos que será un paso más hacia la tan ansiada felicidad, que ello nos creará un bienestar pero que sin embargo al final solamente lo saborearemos de manera efímera en determinados momentos de nuestro arduo viaje.
Me imagino que si Ulises hubiese existido, también hubiese visto sus propias crisis en su época, pero al menos él podía hacer algo para remediarlo, al fin y al cabo era el rey de Ítaca y uno de los legendarios héroes de Troya. Su viaje acabó hace muchísimo tiempo pero, aún así, es eterno. Ante la realidad de nuestro viaje no queda más remedio que intentar hacer que este tenga, aún con sus limitaciones, todos esos buenos momentos y esos detalles que lo enriquecen, pero sobre todo, que nos permita retener siempre la mínima ilusión de poder viajar y descubrir la felicidad lejos de lo material y caduco, aunque al final todos los viajes nos conduzcan a Ítaca.
ENLACÉS DE INTERÉS
http://www.cica.es/aliens/gittcus/kavafishttp://www.tuaventura.org/
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